El experimento de Averroes en la Mezquita según Victor Hugo

rayo
Nuestra Señora de París es una novela de , escrita en 1831 y compuesta por once libros que se centra en la desdichada historia de Esmeralda, una gitana, y Quasimodo, un jorobado sordo, en el París del siglo XV. Todos sus elementos -ambientación medieval, amores imposibles, personajes marginados, final dramático- hacen de la obra un modelo de los temas literarios del Romanticismo francés.

En ella, el autor de esta novela romántica que tiene también grandes rasgos de fantástica, narra una bonita escena casi mágica, de cómo Averróes entierra un rayo de sol (magma de la piedra filosofal) bajo una muy concreta columna de la Mezquita.

FRAGMENTO:

El conjunto de la celda presentaba además un aspecto de ruina y abandono; y el triste estado de los utensilios dejaba suponer que hacia ya mucho tiempo distraían de sus trabajos al dueño otros cuidados.

Aquel dueño entre tanto, inclinada la cabeza, sobre un inmenso manuscrito ornado de extrañas pinturas, parecía trabajado por una idea que se mezclaba de continuo á sus meditaciones; tal creyó al menos Juan al oirle exclamar, con las intermitencias pensativas de un delirante que sueña en alta voz. —Sí, Manou lo dice, y Zoroastres lo enseña! el sol nace del fuego, la luna del sol; el fuego es el alma del gran todo; sus átomos elementales se extienden y gotean sin cesar sobre el mundo en corrientes infinitas! En los puntos en que se cortan estas corrientes en el cielo producen la luz; en los puntos de su intersección en la tierra, producen el oro. -La luz , el oro! todo es lo mismo! -El oro no es más que fuego en el estado concreto. – La diferencia de lo visible a lo palpable, de lo fluido a lo sólido en la misma sustancia, del vapor de agua al hielo y nada más.- Estos no son delirios – esta es la ley general de la naturaleza. — Pero qué hacer para arrancar á la ciencia el secreto de esta ley general? Y qué! esa luz que inunda mi mano, es oro! esos mismos átomos dilatados conforme á cierta ley, bastaría condensarlos conforme á otra cierta ley, para convertirlos en oro ! – Qué he de hacer?- Algunos han tenido la idea de sepultar un rayo del sol- – sí, Arerroes fue – enterró uno debajo del primer pilar á la izquierda del santuario del Alcoran, en la gran mezquita de Córdoba; pero no se podrá socavar el suelo para ver si ha salido bien la operación hasta de aquí á ocho mil años.

—Cáspita, dijo Juan entre sí, no es poco esperar un escudo! ,

—Otros han creído, prosiguió el caviloso arcediano , que seria mejor hacer la operación sobre un rayo de Sirio; pero no es fácil obtenerle puro á causa de la presencia simultánea de otras estrellas que mezclan sus rayos con los de él. Flamel opina que lo más sencillo es trabajar sobre el fuego terrestre. —Flamel! oh nombre de predestinado! Flamma ¡ – Si, el fuego.- Aquí está el secreto.- El diamante está en el carbón , el oro está en el fuego.- Pero cómo extraerle? – Magistri asegura que hay ciertos nombres de mujer de un encanto tan dulce y tan misterioso, que basta pronunciarlos durante la operación…- Leamos lo que dice Manou: “Donde las mujeres son atendidas, las divinidades están contentas; donde son despreciadas, es inútil rezar. — La boca de una mujer es siempre pura, es un agua corriente, es un rayo del sol. -El nombre de una mujer debe ser agradable, dulce, imaginario; acabar con vocales largas y parecerse a palabras de bendición!… Sí, el sabio tiene razón: en efecto, la María, la Sofía, la Esmeral… -Maldición! Siempre este pensamiento.
Y cerró el libro con violencia.

“Nuestra Señora de París”
Victor Hugo
Capítulo 4
Pág: 177

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