Descubierto el autor de las vidrieras de la Capilla de Villaviciosa

Para hacer un vitral es necesario disponer de un dibujo a tamaño real del diseño que se quiere llevar a vidrio y plomo. De este dibujo es necesario disponer de dos copias; una para recortar las plantillas individuales que servirán para cortar los vidrios de colores, y otra que bajo el montaje sirve de guía para emplomarlos sobre la mesa de trabajo. Bien, pues estos cartones que sirvieron de guía han aparecido enrollados en algún rincón oculto y olvidado de la Mezquita de Córdoba, durante los procesos de restauración. Sorprende que en un templo tan estudiado como es este, aun queden recovecos y rincones que oculten materiales desconocidos, aunque por su tamaño, su compleja estructura y sus continuas modificaciones, hacen esto no solo probable sino por lo visto cierto.

En estos los cartones están siendo limpiados y restaurados en el acotado que los restauradores tienen cerca de la Cámara del Tesoro del Mihrab. Los cartones están firmados nada menos que por el escultor cordobés . Esto es una absoluta novedad, pues a Inurria no se le conocen incursiones en el mundo de la vidriera. Él, que es artífice de gran parte de la restauración de la Mezquita en 1910, y que es además director de la Escuela de Artes Industriales de Córdoba, dominaba las técnicas relacionadas con la escultura; la herrería, carpintería, cantería, cerámica… pero no la de emplomar vidrios para ejecutar vitrales. Es por tanto una absoluta novedad en la trayectoria de este artista cordobés, que casualmente lo enlaza a otros artistas cordobeses como Povedano o Egea que también diseñan . Inurria diseña cuatro modelos distintos que, cambiando el color, se repiten y enfrentan a ambos lados de la nave, y también el rosetón de los pies de la nave.

El curioso caso de las vidrieras de Mateo Inurria: una especulación sobre su proceso.

La Capilla de Villaviciosa es la primera de las capillas mayores cristianas que se abren en la Mezquita. De estilo gótico es una nave corrida que va del muro oeste a la capilla Real. La nave está iluminada por ocho ventanas ojivales (cuatro a cada lado de la nave) y un rosetón. No se tienen datos, al menos gráficos, de las vidrieras antiguas que sustituyó Inurria con sus diseños, pero a la vista del poco interés que históricamente se ha dedicado a los vitrales en este templo, todo apunta a que no fueron piezas de valor.
Después de la instalación de los vitrales de Inurria, y en una restauración reciente de las cubiertas, estas fueron recrecidas tapando así parte de la luz de estas ocho ventanas góticas. Afea esto más si cabe el precario estado en el que hoy se encuentran algunas. Pero la culpa de que hoy estén en ese estado no es otra que la mediocre manufactura de estas y el imposible diseño de Inurria para llevarlo a un vitral.
La obra que hoy podemos ver cuenta mucho de cómo pudo ser la relación entre el maestro vidriero y el escultor. Inurria plantea un diseño irrealizable en vidriera, con piezas imposibles de cortar en vidrio, con ángulos de corte convexos que están prohibidos para el trabajo de vidrio por su imposibilidad de ser cortados sin que la pieza se parta. Me imagino la cara que tuvo que poner el vidriero cuando recibió el encargo, supongo también que intentó convencer a Inurria de lo imposible de realizar con corrección el diseño que el planteaba. Supongo que discutirían, pero cómo debió ser de recio e intransigente el carácter de nuestro escultor, que el vidriero, tragándose su bilis, se vió en la tesitura de realizar el diseño de Inurria, aun sabiendo que este era un desastre y que los vidrios se partirían más pronto que tarde debido a su fragilidad. Tuvo el vidriero incluso que unir vidrios sin la correspondiente vigueta de plomo (sacrilegio esto para un profesional) para conseguir lo que Inurria tercamente (supongo) reclamaba. Quedaron así muchas vidrieras sin sellar y el tiempo hizo el resto del trabajo hasta llegar a las frágiles estructuras que hoy quebradas y semiocultas podemos admirar como una obra más y desconocida hasta hoy del gran escultor Mateo Inurria.

Especial mención merece el rosetón de la nave, también diseñado por él. Este si que tiene un diseño estable y duradero, y como prueba queda que teniendo la misma edad que el resto, no presenta roturas ni deformaciones. El colorido y los motivos elegidos producen una sorprendente sensación calidoscópica de gran belleza.

Imagen 19

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