Evolución del alminar andaluso-maghrebí

La palabra árabe al-manar de la que procede la castellana está compuesto por el artículo (al), por el prefijo m de lugar y la raíz nar/nur (fuego/luz), es decir, faro. La idea es que el al-manar es el faro que atrae a los navegantes al puerto de la mezquita, de la oración. No es extraño que los primeros alminares que construyó el Islam en Siria, después de que durante la época de Medina y Meca se utilizasen para las llamadas a la oración las terrazas de las mezquitas, se asemejaran a los faros que los árabes podían conocer: los faros romanos. De los primitivos alminares construidos en Siria no se sabe casi nada, tan deformados están por las reformas posteriores. El primer gran alminar del que se conserva íntegra su estructura es el de Kairouan (831) y efectivamente si a algo se parece es a un faro romano. Puede comprobarse comparándolo con uno de los pocos que quedan en el mundo: el de A Coruña.

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Izquierda: alminar de la Gran Mezquita de Kairouan. Centro: recreación del alminar califal de la Mezquita de Córdoba obra de Abderramán III. Derecha: vista de la Kutubiya, el alminar almohade de la mezquita del mismo nombre en Marrakech.

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Giralda de Sevilla y alminar inacabado de la Mezquita de Hassan en Rabat.

Del primer alminar de la mezquita de Córdoba (788), el construido por Hisham I sólo se conoce la cimentación por lo que no podemos saber cuánto heredó de los modelos sirios o cuánto influyó en el kairouaní, pero desde luego se trata de uno de los primeros alminares construídos en todo el Islam. Es en el alminar de Abderramán III (951) donde se fija el modelo definitivo de los alminares del occidente musulmán. Partiendo de la estructura cuadrada del de Kairouan, el alarife de la torre cordobesa le hace perder el carácter tosco, el aire fuertemente defensivo de su más directo antecesor y proyecta una torre de una elegancia desconocida hasta ese momento que, incluso antes de que su estética sea exportada a otros lugares del Islam, se convertirá en un poderoso modelo de imitación en los propios territorios cristianos, caso de las torres campanario de las iglesias del románico catalán.

La decoración del alminar primigenio cordobés es muy sobria, pero de una gran elegancia. La distribución de las ventanas (dos filas de dos ventanas de doble arco en las caras sur y norte y dos filas de una de triple arquería en las caras este y oeste, todas ellas coronadas por una fila de ocho arquillos en la parte superior) y su forma con alfiz, arcos de herradura y parteluz de columnillas es una feliz composición de gran plasticidad y sobre todo de enorme originalidad.

Es probable, como demuestra lo que queda del único alminar completo que nos ha llegado de la época califal, la torre de San Juan, que otros alminares de Córdoba o de otras ciudades de Al Andalus repitieran el modelo formal y decorativo del de la Gran Mezquita pero habrá que esperar a la construcción de la Kutubiya de Marrakech por los almohades para que el modelo quede definitivamente fijado.

La originalidad del alminar de la Kotubíya de Marrakech respecto a su estricto modelo formal cordobés reside en la decoración de sus caras, una decoración que supone una clara evolución de los motivos, aunque de origen también andalusí, ya que fue importado al norte de Africa por los antecesores de los almohades, los almorávides.

Aunque el motivo de las invasiones de los reinos del Maghreb y de Al Andalus tanto de los almorávides como de los almohades desde sus zonas originales en el Sáhara fue devolver la pureza doctrinal, y de paso formal, a todas las manifestaciones del Islam, los recién llegados, una vez instalados en las corruptas y decadentes ciudades andalusis no pudieron menos que caer también rendidos ante el refinamiento cultural y el esplendor de las manifestaciones artísticas que encontraron en ellas. Así tras la disolución del califato los diferentes gobernantes de los reinos de taifas habían competido arduamente entre sí para convertir cada una de sus capitales en Córdobas a escala haciendo evolucionar rápidamente las formas clásicas del arte califal cordobés. Así en Zaragoza, en la construcción del palacio real (La Aljafería, 1065-1081) encontramos por primera vez una barroquización de las arquerías polilobuladas de la ampliación de Alhakam II dando lugar a los fantasiosos entrelazamientos decorativos y las finas arquerías mixtilíneas (sebka = red) que constituirán el sello más característico del arte andaluso-maghrebí. Es cierto que ese entrelazamiento se había dado germinalmente en los castillos del desierto jordano a comienzos del s. VIII, con el nombre de kaft wa daraj (escalón y hombro) (JIMÉNEZ MARTÍN, Historia del Arte de Historia 16, tomo 15, pg. 54), pero probablemente en Al Andalus sufrió una evolución autóctona a partir de formas propias.

La primera vez que los almorávides se deciden a absorver las fastuosas decoraciones andalusis fue en la construcción de la mezquita de Tremecén (1136), concretamente en el diseño de su mihrab, para el que hay constancia de que se trajeron alarifes andalusis. Y de ahí pasará ya directamente, de manos de sus sucesores, los almohades, al alminar de la Kutubiya (1160), para continuar decorando las caras de la siguiente torre almohade, la de la Gran Mezquita de Sevilla (Giralda, 1184) y la inconclusa de Hassan en Rabat (1195).

Con la construcción simultánea de los alminares almohades de la mezquita de la Casbah en Túnez (1235) y de la Gran Mezquita de Tremecen (1236) se fija ya definitivamente el modelo del alminar maghrebí que llega hasta nuestros días, roto tan solo por los ocasionales alminares de estilo turco construidos durante el protectorado otomano.

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Alminar de la Mezquita de la Casbah de Túnez y alminar de la mezquita de Tremecén (Argelia).

La última gran realización será el de la Gran Mezquita Zeytuna de Túnez (s. XIX), que resume en su bella estampa todas la fuerza de la tradición y la originalidad constructiva andalusí.

patiozeituna

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1 comment for “Evolución del alminar andaluso-maghrebí

  1. casandra
    07/02/2009 at 19:25

    Amigo Manuel, eres un monstruo!
    Es impecable el artículo y da una visión panorámica y muy interesante de la evolución del arte hispano musulmán y su influencia territorial ¡Y solo a través de la torre! es magnífico. Espero que le cojas el gusto a publicar cositas aquí.

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