1901. Los Nabis de paseo por Córdoba (3ª parte)

(Procede de un capítulo anterior)

Diario imaginado de Emmanuel Bibesco

La mañana se levantó fría aquel día del mes de febrero de 1901. Nublada y fría. Las habitaciones del Hotel Suizo eran confortables aunque no muy amplias. No en vano era probablemente el mejor hotel al que podíamos aspirar en toda la ciudad. Tras el petit-déjeuner regresé a la chambre para recoger la cámara y otras pertenencias. Mi hermano Antoine, asomado a la ventana, me hizo un gesto, invitándome a que me acercara.  Contemplamos el tráfago de la calle, los tipos peculiares que por ella deambulaban. Fue en ese momento cuando preparé mi Kodak y realicé la primera fotografía del día. Al fondo, la iglesia de la Compañía y algo más lejos, el remate de la iglesia de Santa Victoria.

E. Bibiesco. Cordoue, vue des toits (1901). Musée dOrsay, París.

E. Bibiesco. Cordoue, vue des toits (1901). Musée d'Orsay, París.

Édouard, Pierre y Ker-Xavier deberían estar ya impacientes en el hall del hotel, así que bajamos apresuradamente y salimos a la plaza que llaman de Canalejas. La plaza no era muy grande. En realidad en nuestro breve recorrido desde la estación hasta el hotel no vimos grandes plazas ni apenas calles amplias. La ciudad aún guardaba su trama medieval de calles quebradas y de aparente desorden.

Córdoba. Hotel Suizo.

Córdoba. Hotel Suizo.

Así fue la ruta que seguimos hasta llegar a la Mezquita, propicia para perderse en más de una ocasión, tortuosa y laberíntica. Tras atravesar la calle del Paraíso llegamos a la plaza de Sagasta, y desde ésta y a través de la del Reloj, Ambrosio de Morales y las callejas del Marqués del Villar hasta la plaza de  Jerónimo Páez, donde se encuentra un palacio antiguo que actualmente sirve de sede a la Académie Polytechnique.

E. Bibesco. Portail, Cordoue (1901). Musée dOrsay, París.

E. Bibesco. Portail, Cordoue (1901). Musée d'Orsay, París.

Y de ahí, y tras un breve receso que aproveché para tomar algunas fotos, continuamos la expedición a través de otras callejuelas de sabor antiguo, encaladas. Por fin, bajando por la calle que llaman de Encarnación divisamos el maravilloso rectángulo de la Mezquita. Los grabados y fotografías que conocíamos de este gran monumento no hacen justicia a su realidad maravillosa. El Patio de los Naranjos me pareció el jardín del Edén. Al fin comprendí por qué no había otra plaza de mayor tamaño en la ciudad. Córdoba se concentraba en torno a su símbolo. Entramos en el interior del templo y fuimos contemplando arco a arco, columna a columna la inmensidad de su interior… y los destrozos provocados por la fe católica durante siglos. Lástima que mi cámara no tuviera sensibilidad suficiente para estos espacios de interior, de luz tenue e íntima.

E. Bibesco. Maison de PIlates, Seville. Musée dOrsay, París. (Nota: evidentemente esta fotografía está mal catalogada).

E. Bibesco. Maison de PIlates, Seville. Musée d'Orsay, París. (Nota: evidentemente esta fotografía está mal catalogada).

La visita de la Mezquita fue algo que no dejó indiferente a ninguno de nosotros. Édouard tardó no menos de cinco minutos en articular palabra desde que salió del recinto. Se le veía cabizbajo, pensativo. Pierre no paraba de exclamar calificativos: ¡Magnifique! ¡Magnifique!

Decidimos salir al río, cruzar el puente y ver la ciudad desde la única panorámica que permitía ver su conjunto. La imagen que ofrecía la ciudad antigua parecía haberse detenido en el tiempo.

Un hipotético trayecto de en su paseo por Córdoba

Un posible itinerario de los Nabis en su paseo por Córdoba

Un posible itinerario de los Nabis en su paseo por Córdoba

¡¡¡Adieu, estimés voyageurs!!! Un bon voyage. ¡Jusqu’à une autre occasion!

E. Bibesco. Vuillard dans le train pour lEspagne. Musée dOrsay, París.

E. Bibesco. Vuillard dans le train pour l'Espagne. Musée d'Orsay, París.

E. Bibesco. Vuillard con Antoine Bibesco en el tren Córdoba-Bobadilla (1901).

E. Bibesco. Vuillard con Antoine Bibesco en el tren Córdoba-Bobadilla (1901).

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3 comments for “1901. Los Nabis de paseo por Córdoba (3ª parte)

  1. El tabernero
    04/06/2009 at 19:22

    Porqué imaginado, es acaso una hipótesis tuya?
    Entre Paco, tú y unos pocos más, me tenéis acojonado, voy a tener que contratar un becario para organizar esto. 🙂
    Sois la peralimonera, no doy a basto, y cuantas más ideas subís, más ideas se me vienen a mi a la cabeza, ¡¡Y no tengo tiempo ahoraaa!!!

    Pero ya veréis ya, en cuanto me libere os vais a enterar.

  2. lacolina
    04/06/2009 at 20:00

    Dr. Mabuse acabo de leer los tres post que tenía pendientes, siento no haberlos leido antes, he estado ocupado. Me parecen estupendos, con fotos deliciosas, con su dificultad como “Dios” manda. La hipotesis del recorrido me parece muy original y verosimil.
    Gracias a vuestras intervenciones estais haciendo un diario digital muy ameno.

  3. Paco Munoz
    04/06/2009 at 21:08

    Nuevamente felicidades Dr. Perfecto recorrido. Las ubicaciones de las fotos correctas, es una maravilla que ciento ocho años después de esa visita hayas detallado tan perfectamente el recorrido. Creo que podemos dar por válida las callejas de Marques del Villar y lo interesante de su pavimento.

    La primera fotografía supongo estará hecha desde la parte de atrás del Hotel Suizo, desde cualquier ventana trasera o desde la azotea. Esa perpestiva ya no es posible, a lo mejor desde telefónica, algo más lejos.

    El famoso hotel, derribado veinticinco años después de esta foto (1925), con la alineación de la plaza de Cánovas.

    La tercera foto zona de juegos a la salida del colegio que estaba en la Calle Alta de Santa Ana, 56 años después de la foto, las mismas columnas que estan ahora, más o menos distribuidas por la plaza estaban allí entonces, eran elementos para esconderse detrás de ellas, saltar o sentarte en las mismas, hace má sde cincuenta años.

    Y la cuarta, creo que lo que se ve al fondo es la baranda del Mirhab. También zona de juegos, con los niños del barrio. La mezquita la hemos recorrido, jugando practicamente por todos sitios, hasta por los tejados.

    Manolo el campanero y su hijo despalomaban muchas veces por el destrozo que hacía los palomos arriba.

    Detrás de la cúpula del coro hay una pequeña espadaña que siempre ha tenido una pareja de cigueñas, cuyo crotorar se escuchaba desde mi casa y lógicamente la veíamos, lo más cerca que hemos estado de ellas es debajo de la espadaña, dicen que siempre eran las mismas. Entonces por San Blas haciendo caso al refrán aparecían, ahora no emigran se ha hecho sedentarias. El Sacristan Mayor era el marido de mi madrina, Mari Rosa.

    La primera vez que ví amanecer, en el año 1952 un 27 de agosto, se recortó la silueta de esa espadaña con la salida del sol por la campiña. No se me podrá olvidar, mi padre me dijo mira hacia allí señalando donde estaban las cigueñas y verás como sale el sol por el horizonte. Puede parecer una tontería pero fue lo más importante que me pasó nunca. Una cosa tan cotidiana pero tan importante, para un niño de cinco años.

    Muchos años después un invierno subí a la misma zona por una alarma que se disparó en ese lugar, me ocurrió una anecdota de ver en los tejados a un buen amigo de tiempo atrás que estaba cerrando todas las entradas al coro con tela metélica. nos volvimos a ver veinte años después en los tejados de la Mezquita, bueno esos eran los de la Catedral. Curioso.

    Que catarata de recuerdos provoca cualquier fotografía.

    Las dos últimas cualquier ferroviario podrá decir si esas tapicerias eran de un ferrocarril de este país, a lo mejor era primera clase, que nunca la he usado yo.

    Gracias Dr.

    Tabernero lamentar que una empresa cordobesa no haya trabajado para la ciudad, son cosas incomprensibles. Ya lo comentaremos.

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